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Texto extraído y resumido del libro ‘Mitos nórdicos’ de Neil Gaiman (2017).

 

Os habéis preguntado alguna vez de dónde viene la poesía? De dónde salen las canciones que entonamos y las historias que contamos?

La historia es larga. Es una historia de muerte y traición, estupidez y mentiras, persecución y seducción.

Comenzó poco después del principio de los tiempos, en una guerra entre los Æsir y los Vanir.

Los Æsir eran dioses guerreros, amos de las batallas y las conquistas, mientras que los Vanir eran dioses que conferían fertilidad a la tierra y hacían crecer las plantas, aunque no por eso era inferior su poder.

Las fuerzas de los Vanir y los Æsir estaban demasiado igualadas. Ningún bando podía ganar la guerra, y ambos bandos se dieron cuenta, mientras luchaban, de que se necesitaban mutuamente.

Se reunieron para negociar la paz, y una vez finalizadas las negociaciones, sellaron la tregua escupiendo cada uno de ellos, tanto los Æsir como los Vanir, en una misma cuenco. Al mezclarse sus salivas, el acuerdo se volvió inquebrantable.

Después celebraron un festín. Comieron en abundancia, bebieron hidromiel y rieron a carcajadas, hasta que el fuego se convirtió en brasas y el sol asomó por el horizonte.

Cuando Æsir y Vanir se levantaban de sus puestos para marcharse, Odín dijo:

-Sería una pena dejar aquí abandonada la mezcla de nuestras salivas.

Frey y Freya, hermanos, eran dos importantes dioses Vanir que a partir de aquel momento se quedarían a vivir en Asgard con los Æsir, como parte del acuerdo entre los dioses.

-Podríamos aprovecharla para fabricar alguna cosa. Dijo Frey

-Un hombre. Propuso Freya, mientras metía las manos en el cuenco.

Bajo sus dedos, la saliva se transformó y cobró forma y, en unos instantes, adquirió el aspecto de un hombre, de pie y desnudo ante ellos.

-Eres Kvasir. Dijo Odín. Sabes quién soy yo?

-Eres Odín, el más eminente de los dioses. También te llaman Padre de todos, y otros nombres que no acabaría nunca de decir, aunque los sé todos. También conozco los poemas, las canciones, y todas las cosas de los 9 mundos. Lo sé todo. Dijo Kvasir

Kvasir, surgido de mezclar las salivas de todos los dioses, era el más sabio de todos, y combinaba cabeza y corazón…

Los Aesir y los Vanir, con Odín a la cabeza de la mesa

Los dioses se atropellaban entre ellos para ser los siguientes en hacerle preguntas a Kvasir, y todas sus respuestas eran sabias y sensatas.

Tras contestar varias preguntas, Kvasir miró a los dioses y les dijo:

-Ahora haré un largo viaje. Veré los nueve mundos y conoceré Midgard. Existen respuestas cuyas preguntas nadie me ha formulado.

-Pero volverás? preguntaron.

-Volveré. Dijo Kvasir. Aún queda pendiente el misterio de la red de pesca, que algún día será preciso resolver.

-Qué misterio? pregunto Thor. Kvasir se limitó a sonreír, dejando a los dioses perplejos, y se marchó de Asgard.

Viajó de ciudad en ciudad y de aldea en aldea. Conoció a todo tipo de personas y a todas les respondió sus preguntas.

Habían dos elfos oscuros que vivían en un castillo junto al mar. Allí practicaban magia y hacían inventos. Fabricaban objetos sorprendentes en su fragua y sus talleres. Pero había cosas que aún no habían fabricado, y producirlas era su obsesión. Eran los hermanos Fjalar y Galar.

Cuando se enteraron de que Kvasir estaba de paso en un poblado cercano, fueron a verlo. Lo encontraron respondiendo a las preguntas de los aldeanos, asombrando a todos con sus respuestas. 
A una mujer incluso le reveló quién le había robado su cuchillo y por qué. Cuando terminó de hablar con los aldeanos, los enanos se le acercaron.

-Tenemos una pregunta que nadie te ha hecho antes, pero queremos hacerla en privado. Vendrás con nosotros?

-Iré. Respondió Kvasir.

Los enanos condujeron a Kvasir al taller de su fortaleza.

-Qué es eso de ahí? Preguntó Kvasir.

– Son cubas. Se llaman Son y Bodn.

-Y eso otro?

-Es un caldero. Lo llamamos Odrerir.

-Y veo que aquí tenéis tarros de miel que habéis recogido.

-Así es. Confirmó Fjalar, que miró a Kvasir con aire de burlón.

-Si fueras tan sabio como dicen, sabrías cuál es la pregunta que te queremos hacer antes de que te la formulemos. Y también sabrías para qué tenemos aquí estas cosas.

-Me parece que, si los dos fuerais inteligentes y malignos habríais decidido matar a vuestro visitante y recoger su sangre en las cubas Son y Bodn, para calentarla a fuego lento en vuestro caldero Odrerir…

Los enanos Fjalar y Galar

-Después le añadirías la miel y dejarías fermentar la mezcla hasta que se convirtiera en hidromiel, el mejor imaginable, capaz de embriagar a quien la beba y de otorgar a quien la pruebe el don de la poesía y la sabiduría. Dijo Kvasir.

-Somos inteligentes, y hay quien piensa que somos malignos. Dijo Galar.

Dicho eso, degolló a Kvasir y con la ayuda de su hermano lo colgó sobre la cubas para recoger hasta la última gota de su sangre.

Calentaron la sangre y la miel en el caldero, le añadieron bayas a la mezcla y removieron con un palo. El líquido empezó a borbotear, después dejó de hervir, y ambos bebieron un sorbo y se echaron a reír, porque habían hallado en su interior los versos y la poesía que nunca habían dejado aflorar.

A la mañana siguiente, llegaron los dioses.

-Kvasir fue visto por última vez con vosotros.

-Si. Vino con nosotros, pero cuando vio que no éramos nada más que unos enanos tontos e ignorantes, se ahogó en su propia sabiduría.

-Decís que ha muerto?

-Si. Contestaron los dos enanos.

Les entregaron a los dioses el cuerpo de Kvasir para que se lo llevaran de vuelta a Asgard, donde podrían prepararle un funeral digno de un dios, o tal vez un buen regreso a la vida.

Así fue como los enanos se hicieron con el hidromiel de la poesía y la sabiduría, y todo aquel que quería probarlo tenía que pedírselo, aunque para eso había que caerle bien a los enanos, y ellos sólo se caían bien a sí mismos.

Aún así, debían algunos favores. Al gigante Gilling y a su esposa, por ejemplo. Los enanos los invitaron a visitar su fortaleza, y un día de invierno se presentaron los dos.

-Ven a remar en nuestra barca. Le propusieron a Gilling los enanos.

El peso del gigante hizo que la barca se hundiera más de lo habitual y los enanos la condujeron hacia unas rocas situadas por debajo de la superficie. La barca chocó contra las rocas, volcó y el gigante calló al mar.

-No sé nadar! Gritó el gigante. Una ola le golpeó con fuerza y se rompió la cabeza contra las rocas, muriendo en el acto.

Los enanos volvieron a su castillo, donde les esperaba la mujer del gigante.

-Dónde está mi marido?

-Tu marido? Ah si, está muerto…

Kvasir degollado por los hermanos Fjalar y Galar

Al oírlo, la esposa del gigante se puso a llorar, con gritos que parecían arrancarle trozos del alma. Llamó a su marido muerto y juró que nunca dejaría de amarlo, entre alaridos, hipos y llantos.

– Cállate! Gritó Galar. Tus lloros y chillidos me dañan los oídos. Eres demasiado ruidosa!

Pero la mujer se puso a llorar todavía más fuerte.

-Tranquila… Te serviría de algo si te enseño el lugar dónde murió tu marido?

La giganta lo miró a los ojos y asintió, pero no por ello dejó de gritar y llorar por su esposo, que nunca más volvería a su lado.

-Ponte allí y te mostraremos el lugar dónde ocurrió todo. Dijo Fjalar, mientras le señalaba dónde debía situarse exactamente y le explicaba que debía salir por la puerta principal de la fortaleza y colocarse al pie de la muralla.

Después, le hizo un gesto a su hermano, que se escabulló en dirección a la escalera que subía a lo alto de la muralla.

Cuando la mujer de Gilling estaba saliendo por la puerta, Galar le lanzó una roca, que la dejó tendida en el suelo con el cráneo medio aplastado.

-Buen trabajo! Ya me estaba cansando de tanto alboroto. Dijo Fjalar.

Arrastraron el cuerpo sin vida de la mujer hasta las rocas y lo empujaron al mar. Las olas se llevaron el cadáver y fue así como Gilling y su esposa se reunieron en la muerte.

Los enanos se encogieron de hombros, convencidos de haber obrado de manera sumamente ingeniosa.

Todas las noches bebían hidromiel de la poesía, recitaban bellos y grandiosos versos, y componían gloriosas sagas sobre la muerte de Gilling y su esposa, que recitaban desde lo alto de la fortaleza.

Al final, caían inconscientes y sólo se despertaban al día siguiente, en el mismo lugar donde habían caído la noche anterior.

Una mañana se despertaron como siempre, pero no estaban en su fortaleza, sino en el suelo de su barca, que un gigante desconocido hacía avanzar entre las olas a golpe de remo. Había tormenta y las olas eran altas, el agua salada salpicaba los flancos de la barca y empapaba a los enanos.

-Quién eres? preguntaron.

-Soy Suttung. Os he oído alardear ante el viento, las olas y el mundo de haber matado a mis padres…

El gigante Suttung

La marea dejaba a la vista unas rocas que asomaban sobre la superficie del agua. Suttung recogió a los enanos del fondo de la barca y los colocó sobre las rocas con las manos atadas.

-La marea cubrirá estas rocas en breve. Mientras os ahogáis, yo estaré sentado, contemplando y sonriendo por ver cómo se os lleva el mar. Después volveré a Jotunheim y contaré vuestra muerte.

La marea pronto comenzó a subir hasta cubrir las barbas de los enanos.

-Por favor, ten piedad!

-La misma que tuvisteis con mis padres?

-Te compensaremos! Te pagaremos!

-No tenéis nada que pueda compensar la muerte de mis padres.

-Tenemos hidromiel! El hidromiel de la poesía! Hecho con sangre de Kvasir, el más sabio de los dioses! Te la daremos!

El agua cubrió las cabezas de los enanos, que empezaron a ahogarse con pánico en sus ojos. Entonces Suttung los sacó del agua.

-El hidromiel de la poesía será una compensación adecuada.

Suttung se llevó el hidromiel junto con unas cuantas cosas más, y se alejó de la fortaleza.

Los enanos contaron a todos los que pasaban por su castillo la historia de los abusos sufridos a manos de Suttung. La repitieron en el mercado para que todos supieran lo cruel que era Suttung. Lo que no sabían los enanos, es que muy cerca habían dos cuervos escuchando…

En Asgard estaba Odín, y los cuervos Hugin y Munin le susurraron al oído todo lo que habían visto u oído durante el día, como era costumbre.

El único ojo de Odín relampagueó cuando oyó la historia de Suttung y el hidromiel. Odín escuchó atentamente las palabras de sus cuervos y enseguida pidió su capa y su sombrero. Llamó a los dioses y les dio instrucciones para que prepararan 3 enormes cubas de madera, y las tuvieran listas junto a las puertas de Asgard. Después anunció que se marchaba a recorrer el mundo y que quizá tardaría bastante en regresar…

-Me llevaré dos cosas: una piedra de afilar y el taladro llamado Rati. Dijo Odín.

Rati era el mejor taladro que tenían los dioses. Taladraba orificios muy profundos y podía atravesar la roca más dura.

Dicho esto, Odín se puso en camino.

-Me pregunto qué piensa hacer. Dijo Thor.

Odín con sus cuervos Hugin y Munin

-Kvasir ha muerto. Por mi parte, no me preocupa adónde va el padre de todos. Dijo Loki

-Yo voy a ayudar a fabricar esas cubas que nos ha pedido Odín. Dijo Thor

Suttung había confiado el valioso hidromiel a su hija Gunnlod, para que lo custodiara en el interior de una montaña del país de los gigantes.

Mientras, Odín se dirigió a los campos que eran propiedad de Baugi, el hermano de Suttung.

Era primavera y en los campos ya estaba alta la hierba, lista para ser cortada. Baugi tenía 9 esclavos gigantes, que estaban segando la hierba con grandes guadañas, cada una del tamaño de un árbol.

Odín los observaba. Cuando los gigantes dejaron de trabajar para almorzar, se les acercó andando tranquilamente y les dijo:

-Os he estado observando. Decidme, por qué deja vuestro amo que seguéis la hierba con unas guadañas tan desafiladas?

-No es cierto que estén desafiladas. Respondió uno de ellos

-Están perfectamente afiladas. Dijo otro

-Dejadme que os enseñe cómo corta una hoja bien afilada. Dijo Odín

Sacó la piedra de afilar de su bolsillo y la pasó primero por la hoja de una de las guadañas, después por otra y así hasta que todas estuvieron perfectamente afiladas.

-Ya podéis probarlas. Dijo Odín

Los esclavos segaron con sus guadañas la hierba del prado y quedaron boquiabiertos, encantados con el resultado. Las hojas estaban tan afiladas que segar la hierba con ellas no requería el menor esfuerzo. Las guadañas pasaban a través de los tallos más gruesos, sin encontrar resistencia.

-Es maravilloso! Nos vendes tu piedra de afilar?

-Os propongo algo más justo y divertido. Venid aquí, colocaos en un grupo, muy juntos unos de otros. Ahora prestad atención. La piedra será del primero que consiga atraparla! Dicho esto, la arrojó al aire.

Los gigantes saltaron para atraparla, sin prestar atención a las guadañas que Odín había afilado hasta la perfección. En seguida brotó una fuente escarlata y los cuerpos de los esclavos fueron cayendo uno a uno sobre la hierba recién cortada. Habían muerto degollados por la guadaña del compañero más próximo.

Odín pasó por encima de los cuerpos de los gigantes, recogió la piedra y se marchó.

Guadaña, una herramienta que se utiliza para segar la hierba

Odín se dirigió a la casa de Baugi, hermano de Suttung, y le pidió que que ofreciera su techo para pasar la noche.

-Me llamo Bolverkr. Dijo Odín.

-Bolverkr? Qué nombre tan lúgubre! Significa ‘autor de cosas terribles’. Dijo Baugi.

-Sólo para mis enemigos. Mis amigos aprecian las cosas que hago. Soy capaz de hacer el trabajo de 9 hombres, sin descanso ni queja.

-Puedes pasar la noche aquí. Pero has llamado a mi puerta en un día funesto, todos mis esclavos han muerto, se mataron entre sí, no sé por qué.

-Y no puedes conseguir otros sirvientes?

-Este año, no. Ya es primavera y los mejores hombres están trabajando para mi hermano Suttung. No viene mucha gente por aquí, de hecho, tú eres el primer viajero que me pide alojamiento y hospitalidad en muchos años.

-Tienes suerte de que haya venido, puedo hacer el trabajo de 9 hombres.

-No eres un gigante, eres pequeño como un camarón. No creo que pudieras hacer el trabajo de uno solo de mis hombres.

-Si no soy capaz de hacerlo, no te pediré nada. Pero si lo consigo, he oído hablar del extraordinario hidromiel de tu hermano Suttung. Dicen que otorga el don de la sabiduría a quien lo beba.

-Es verdad. Suttung no era poeta, pero desde que volvió con el hidromiel de los enanos, se ha vuelto poeta y soñador. Pero yo no puedo dártelo, es de Suttung.

-Qué pena! Entonces te deseo mucha suerte y que puedas recoger la cosecha de este año.

-Espera! Si eres capaz de trabajar tanto como aseguras, te llevaré ante Suttung y haré todo lo que pueda para que te deje probar ese hidromiel.

-En ese caso, acepto el trato.

Baugi no había visto jamás a un trabajador como Bolverkr. Cuidó de los animales y recogió las cosechas sin ayuda. Labró la tierra, y la tierra le devolvió sus esfuerzos por mil.

-Bolverkr, no sé por qué razón te han puesto ese nombre, ya que sólo has hecho cosas buenas.

-He hecho el trabajo de 9 hombres?

-Y de otros 9 también.

-Entonces, me ayudarás a probar el hidromiel de Suttung?

-Te ayudaré.

A la mañana siguiente, se levantaron temprano y se pusieron en marcha. Por la noche, llegaron a la gran fortaleza de Suttung…

Bolverkr (Odín), con un aspecto de trotamundos

-Te saludamos, hermano Suttung. Este de aquí es Bolverkr, mi sirviente y también mi amigo.

Baugi le explicó el trato al que habían llegado a Suttung.

-Asi que ya ves, vengo a pedirte que le permitas probar el hidromiel de la poesía.

La mirada de Suttung era fría como el hielo.

-No. Dijo Suttung.

-No? Preguntó Baugi.

-No, no pienso darle a nadie ni una gota. Lo tengo bien guardado en lo más profundo de la montaña Hnitbjorg, que se abre solamente cuando yo lo ordeno. Mi hija Gunnlod lo custodia. Ese sirviente tuyo no lo probará jamás, ni tú tampoco.

-Pero si te lo dieron en compensación por la muerte de nuestros padres! No crees que me corresponde una parte, para demostrarle a Bolverkr que soy un gigante honrado?

-No. No te corresponde nada. Dijo Suttung.

Después de eso, los dos se marcharon del castillo de Suttung. Baugi estaba desconsolado. Cada pocos pasos, se disculpaba con Bolverkr.

-No pensaba que mi hermano fuera tan poco razonable.

-Muy poco razonable, cierto. Pero tú y yo podríamos darle un par de lecciones, para que no sea tan prepotente y engreído y escuche a su hermano. Dijo Bolverkr.

-Me parece muy bien, qué propones que hagamos? Dijo Baugi con una sonrisa.

-Escalaremos esa montaña.

Llegaron a lo más alto de la montaña. Entre las cumbres oyeron el silbido del viento, y mucho más abajo, los chillidos de las aves. Pero también oyeron algo más. Era un ruido semejante a una voz humana que parecía provenir de las rocas, pero se oía lejano, como si surgiera del interior de la montaña.

-Qué ruido es ese? Preguntó Bolverkr.

-Parece mi sobrina Gunnlod cantando.

-Entonces nos detendremos aquí.

Bolverkr sacó de su bolsillo el taladro llamado Rati.

-Mira, tú eres grande y fuerte. Qué te parece si utilizas este taladro para perforar la ladera de la montaña?

Baugi tomó el taladro, lo apoyó contra el costado de la montaña y empezó a hacerlo girar. La punta del taladro se hundió en la roca como un tornillo en un bloque de corcho. Baugi seguía dándole vueltas y más vueltas.

-Ya está. Dijo Baugi.

Bolverkr se acercó al orificio abierto por el taladro y sopló en su interior…

Bolverkr y Baugi

Mientras soplaba, notó que algo venía hacia él por detrás. Odín se transformó en serpiente y vio que el aguzado taladro se clavaba en el lugar donde antes había estado su cabeza.

-Sabía que me traicionarías. Le dijo la serpiente a Baugi

Con un rápido latigazo de cola, la serpiente ya se había esfumado por el agujero. Baugi tiró el taladro. Consideró volver a la casa de Suttung y contarle que un mago se había colado en el interior de la montaña, pero pensó en la reacción que tendría Suttung ante esa noticia. Se encogió de hombros y se marchó a casa, lo que fuera a sucederle al hidromiel de su hermano ya no era asunto suyo.

Una vez dentro de la cueva, Odín recuperó el aspecto de hombre, pero no de un hombre cualquiera, si no de un gigante enorme y fuerte.

Gunnlod, hija de Suttung, estaba delante de una puerta cerrada, protegiendo las cubas Son y Bodn, y el caldero Odrerir.

-Bien hallada, valiente doncella! Dijo Odín

-No sé quién eres. Mi padre me ha puesto aquí para vigilar el hidromiel de la poesía. Dime tu nombre y explícame por qué he de perdonarte la vida.

-Mi nombre es Bolverkr. Sé que merezco la muerte por entrar aquí. Pero, qué puede importarme a mi el hidromiel? Estoy aquí porque oí hablar de la belleza, el coraje y la virtud de Gunnlod, hija de Suttung y me dije: “Si deja que la mires, habrá valido la pena”.

-Y qué crees, ha valido la pena?

-Más de lo que esperaba, porque eres más hermosa de lo que pueda expresarse con palabras.

Gunnlod bajó la vista, con las mejillas sonrosadas.

-Puedo sentarme a tu lado? Preguntó Bolverkr

Gunnlod asintió, sin decir nada.

Se besaron dulcemente e hicieron el amor. Cuando acabaron, Bolverkr dijo:

-Ojalá pudiera probar un sorbo del hidromiel contenido en la cuba llamada Son, entonces compondría una canción sobre tus ojos que todos los hombres entonarían cuando quisieran cantar a la belleza.

-Un sorbo nada más?

-Un sorbo pequeño, nadie lo notaría. Pero no tengo prisa, tú eres más importante para mí. Déjame que te lo demuestre.

La atrajo hacia él e hicieron el amor de nuevo. Cuando yacían abrazados, susurrándose palabras de afecto, Bolverkr dijo:

-Ojalá fuera capaz de cantar la belleza de tus labios! Me encantaría tener talento para expresar que son más suaves que los labios de cualquier otra mujer y mucho mejores. Sería una canción maravillosa.

-Es una pena, si, porque mis labios son muy atractivos. A menudo pienso que son lo mejor de mi.

-Quizá si, pero todos tus rasgos son tan perfectos que sería difícil elegir uno solo. Aun así, si pudiera beber un pequeñísimo sorbo de la cuba llamada Bodn, la poesía impregnaría mi alma y entonces sería capaz de componer un poema sobre tus labios que duraría hasta el día en que desaparezca el sol, devorado por un lobo.

-Tendría que ser un sorbito muy pequeño, porque mi padre se irritaría bastante si creyera que estoy dando a probar su hidromiel a cualquier desconocido de hermosas facciones que penetre en las profundidades de la montaña.

Comenzaron entonces a recorrer las cavernas, cogidos de la mano, intercambiando de vez en cuando dulces besos.

Gunnlod le enseñó a Bolverkr las puertas y las ventanas que ella misma podía abrir desde el interior de la montaña, para que Suttung le enviara comida y agua, pero él no pareció prestarle mucha atención. Bolverkr le explicó que no estaba interesado en nada que no guardara relación con ella, sus ojos, sus labios, sus dedos o su pelo. Ella se echó a reír y le dijo que dudaba mucho de sus bonitas palabras, porque era evidente que ni siquiera tenía interés en volver a hacer el amor con ella. Entonces, Bolverkr selló los labios de la giganta con los suyos y, una vez más, hicieron el amor.

Gunnlod y Bolverkr

Cuando ambos estuvieron completamente satisfechos, Bolverkr se echó a llorar en la oscuridad

-Qué te pasa amor mío?

-Mátame, mátame ahora mismo! Jamás podré componer un poema sobre la perfección de tu pelo, ni de tu piel, ni del sonido de tu voz o el tacto de tus dedos. Tu belleza es imposible de describir. Tal vez si bebiera un sorbo minúsculo del caldero Odrerir, adquiriría el talento lírico necesario para describir tu belleza.

-Sí, quizá sí. Pero tendría que ser un sorbo minúsculo, casi inexistente.

Gunnlod abrió la puerta. El aroma del hidromiel de la poesía resultaba embriagador…

-Un sorbito y nada más, lo justo para componer 3 poemas sobre mí que resuenen a través de los siglos. Dijo Gunnlod.

-Por supuesto amor mío. Dijo Bolverkr.

Con el primer sorbo, Bolverkr se bebió hasta la última gota del caldero Odrerir.

Con el segundo, vació la cuba llamada Bodn.

Con el tercero, vació la cuba llamada Son.

Gunnlod no era tonta, se dio cuenta de que la habían engañado y atacó al traidor. Odín salió huyendo, cerró la puerta y dejó a la giganta atrapada en el interior. Odín se convirtió en un águila enorme y comenzó a batir las alas, ascendiendo hacia el cielo.

Los alaridos de Gunnlod desgarraron el silencio del alba, llegando a despertar a Suttung, que miró al cielo, vio el águila e imaginó lo que había pasado. Entonces, él mismo asumió forma de águila.

Las dos aves ascendieron hasta una altura vertiginosa, y se movían con tanta rapidez que producían en el aire el ruido de un huracán.

En Asgard, Thor dijo:

-Ha llegado el momento.

Arrastró las 3 cubas de madera hasta el patio. Los dioses vieron venir a las dos águilas, en una carrera ajustada. Odín abrió el pico y una fuente de hidromiel salió de el, llenando todas las cubas, una tras otra.

Desde entonces, sabemos que todas las personas capaces de hacer magia con las palabras y de componer poemas, sagas y fábulas han bebido el hidromiel de la poesía. Cuando oímos a un buen poeta recitar sus versos, decimos que ha probado el regalo de Odín.

Pero eso no es todo. Cuando el padre de todos convertido en águila se estaba acercando a las cubas, perseguido de cerca por Suttung, expulsó parte del hidromiel por el trasero, en forma de pedo húmedo de apestoso hidromiel, que se estrelló justo en la cara de Suttung y le impidió que le siguiera.

Nadie hasta ahora ha querido beber nunca el hidromiel salido del culo de Odín, pero si alguna vez oís a un mal poeta recitando sus versos mediocres, con metáforas estúpidas y ripios vergonzosos, sabréis cuál de los dos hidromieles probaron sus labios.

Fin

 

Para leer la versión completa de la historia, recomiendo leer el libro ‘Mitos Nórdicos’, de Neil Gaiman. Teneís la bibliografia justo debajo de estas líneas.

Bibliografía

Textos extraídos de la gran obra ‘Mitos Nórdicos’, del maestro Neil Gaiman.
  • Gaiman, Neil; (2017) Mitos Nórdicos. Barcelona, España. Editorial Planeta. 
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