La ancestral festividad de Samhain, hoy conocida como Halloween

Todos conocemos la fiesta de Halloween, pero pocos conocemos su verdadero origen y significado. Hoy en día, es fácil escuchar que se trata de una tradición americana, pero nada más lejos de la realidad.

El hecho de que en América sea una fiesta muy popular, se debe a la emigración que millares de irlandeses realizaron a Estados Unidos durante la  Gran Hambruna Irlandesa,  también conocido como el holocausto irlandés, un periodo que tuvo lugar entre 1845 y 1849, y que asoló a la isla de Irlanda con inanición, enfermedades, y emigraciones en masa. Los irlandeses se marcharon de su tierra en la búsqueda  de una mejor vida y un futuro próspero, llevándose consigo las tradiciones y costumbres milenarias de la antigua Irlanda, unas tradiciones que, en gran parte, les dejaron sus antepasados celtas.

La palabra Halloween proviene de All Hallows’ Eve, lo que significa “vigilia de todos los santos“, una tradición cristiana en que se rinde culto en memoria de los familiares y seres queridos. Pero como hizo la iglesia con prácticamente la totalidad de las festividades paganas, esta no se trataba de una tradición cristiana, si no que se cristianizó, para así incluir al pueblo pagano, reacio a abandonar sus antiguas costumbres, en la religión cristiana. Su origen se remonta a la Edad de Bronce, siendo los celtas quienes hicieron de Samhain la festividad más importante y sagrada de su calendario, pues no solo daba inicio a la época oscura y al fin del verano, también marcaba el inicio del año nuevo celta.

Como ya está explicado en la entrada de la Rueda del Año, el año celta no se dividía en cuatro estaciones como se hace a día de hoy, si no en dos: la mitad de luz y la mitad de oscuridad, siendo Samhain la fiesta que despedía al verano y daba la bienvenida a la mitad oscura y al nuevo año. Para los celtas, esto representaba el fin de un ciclo y el inicio del siguiente, pues era la época de la última cosecha, se almacenaban los víveres para pasar el invierno y se guardaban las semillas de la próxima siembra.

A diferencia de los tiempos actuales, en que solo se celebra una única noche (31 de octubre), los celtas lo celebraban durante tres noches, durante la luna llena entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno.

Pero sin duda alguna, Samhain no ha llegado hasta nuestros días, miles de años después, por ser una festividad de cosecha y de entrada al nuevo año, si no por otro de los cultos que los celtas realizaban durante tan sagrada festividad: el contacto con la muerte y el mundo de los espíritus.

Esto se debe a que, en la tercera noche de Samhain, los celtas creían que existía un vacío entre el final de un ciclo y el inicio del siguiente, creando un espacio en el que el velo de este mundo y el de los espíritus, estaba más cerca que nunca, pudiendo haber así comunicación entre ambos mundos.

En la actualidad, se sigue rindiendo culto en este día a los espíritus de nuestros antepasados

Que el velo entre ambos mundos prácticamente desapareciera en esta tercera noche, era visto de una forma positiva, pues las almas de los antepasados y seres queridos podrían reunirse nuevamente con los vivos. De hecho, se realizaban grandes banquetes con comida y bebida en abundancia, dejando las ventanas y las puertas del hogar abiertas, así como asientos vacíos en la mesa, para que los espíritus de los seres queridos pudieran entrar y reunirse de nuevo con sus familias. Pero también era peligroso, pues también estaba la puerta abierta para las entidades malignas.

Es por ello, que los celtas creaban grandes hogueras durante esa noche, hogueras que tenían dos funciones: por un lado, la luz guiaba a los espíritus benignos de vuelta a sus hogares, y al mismo tiempo, ahuyentaba a los espíritus malignos.

Los druidas, sacerdotes celtas, se vestían con pieles de animales y pintaban sus rostros para comunicarse con los muertos. De ahí llega hasta nuestros días la tradición de disfrazarse en Halloween.

Otra costumbre de los celtas era la de elegir a un grupo de personas, que se encargarían de ir casa por casa pidiendo ofrendas de comida para los muertos. Esto mantendría a los espíritus contentos. Se cree que es el predecesor del típico “truco o trato” tan popular en nuestros días.

En cuanto a las populares calabazas de Halloween, existe un viejo relato popular irlandés que habla de Jack O’Lantern, un irlandés tacaño, pendenciero y con fama de borracho. El diablo, a quien llegó el rumor de tan negra alma, acudió a comprobar si efectivamente era un rival de semejante calibre. Disfrazado como un hombre normal acudió al pueblo de este y se puso a beber con él durante largas horas, revelando su identidad tras ver que en efecto Jack era un auténtico malvado.

Cuando Lucifer le dijo que venía a llevárselo para hacerle pagar por sus pecados, Jack le pidió que bebieran juntos una ronda más, como última voluntad. El diablo se lo concedió, pero al ir a pagar, ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó a Lucifer a convertirse en una moneda para demostrar sus poderes. Satanás lo hizo, pero en lugar de pagar con la moneda, Jack la metió en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí, el diablo ordenó al granjero que le dejara libre, pero Jack respondió que no lo haría a menos que prometiera volver al infierno para no molestarle durante un año.

Jack O'Lantern, el hombre que engañó al mismísimo Diablo

Transcurrido ese tiempo, el diablo apareció de nuevo en casa de Jack para llevárselo al inframundo, pero de nuevo Jack pidió un último deseo, en este caso, que el amo de las tinieblas cogiera una manzana situada en lo alto de un árbol, para así tener una última comida antes de su tormento eterno. Lucifer accedió, pero cuando se hallaba trepado en el árbol, Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar. En esta ocasión pidió no ser molestado en diez años, además de otra condición: que nunca pudiera el diablo reclamar su alma para el inframundo. Satanás accedió y Jack se vio libre de su amenaza.

Su destino no fue mejor: tras morir (mucho antes de transcurridos esos diez años pactados), Jack se aprestó a ir al cielo, pero fue detenido en las puertas de San Pedro, impidiéndole el paso, pues no podían aceptarle por su mala vida pasada, siendo enviado al infierno. Para su desgracia allí tampoco podían aceptarlo debido al trato que había realizado con el Diablo, quien de paso le expulsó de su reino y, despechado, le arrojó a Jack unas ascuas ardientes, las cuales el granjero atrapó con un nabo hueco, mientras burlonamente agradecía la improvisada linterna que así obtuvo.

Condenado a deambular por los caminos, anduvo sin más luz que la ya dicha linterna en su eterno vagar entre los reinos del bien y del mal. Con el paso del tiempo Jack el Tacaño fue conocido como ‘Jack of the Lantern’ (Jack el de la linterna) nombre que se abrevió al definitivo ‘Jack O’Lantern‘. Esta es la razón de usar nabos y más tarde calabazas, al imitar con su color el resplandor de las ascuas infernales, y por ser más fáciles de tallar que los nabos, para alumbrar el camino a los difuntos en Halloween, y también el motivo de decorar las casas con estas figuras horrendas, para así evitar que Jack llamase a la puerta y ofreciese un nuevo trato…

Por último, os dejamos un vídeo de creación propia, sobre el origen de Halloween. Esperamos que os guste y que os suscribáis a nuestro canal del YouTube.

Skål!

 

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