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Thrud, Hija de Thor y de Sif

Poco se habla de ella, pero es la hija de Thor y de Sif. Y nieta de Odín.

Thrud había vivido toda su niñez y adolescencia en Bilskirnir, el palacio de su padre, protegida de todo riesgo y peligro. Y eso la hacía infeliz, pues era una joven con ganas de recorrer el mundo y conocer hasta los rincones más inhóspitos.

Generalmente se aburría. Sólo tenía un amigo con quien pasaba pequeños ratos, y digo pequeños porque se trataba de Alvis, un enano, y los dioses, sobretodo Thor, no lo veían con buenos ojos.

Alvis estaba profundamente enamorado de ella, de su larga melena pelirroja, de sus suaves y bellas facciones, heredadas de su madre Sif.

Le regalaba todo tipo de joyas, las más hermosas que el enano podía inventar en su fragua. Y Thrud se sentía halagada, pero no le complacía. Thrud era joven y hermosa, y es cierto que había heredado la belleza de su madre… pero también había heredado la naturaleza bélica y combativa de su padre.

La sangre del dios del trueno corría por sus venas. Su aspiración y su objetivo a largo plazo era entrar en la hermandad de las Valkirias y servir a su abuelo recogiendo a los más valientes del campo de batalla. Así que le pidió a Alvis que le forjara una espada, pero no una espada cualquiera, pidió que le forjara la mejor espada que pudiera existir en los 9 mundos. Alvis se vio tentado a hacerlo, pero por otro lado tenía miedo de que Thor y Odín se enteraran.

Y entonces fue cuando Loki persuadió al enano de hacerlo, dándole además la ubicación de una estrella que había caído recientemente del cielo. Con el hierro del interior de la estrella, podría forjar la mejor espada jamás vista por los dioses. Y así fue.

Alvis le regaló la espada a Thrud y ella quedó tan prendada de él, que despertó sentimientos en su interior, a pesar de ser un enano, por lo bueno que era con ella. Y finalmente se prometieron.

Thor no recibió la noticia de buen agrado y para aceptar el compromiso le propuso a Alvis una serie de pruebas para ganarse la mano de su hija.

Alvis fue superando las pruebas una a una, pero cada vez que superaba una, Thor le ponía otra…

Las pruebas a las que Thor iba sometiendo a Alvis tenían un sentido cruel y doloroso. Los enanos viven en Svartalfheim, en el interior de la tierra, porque no pueden ver la luz del sol. Si esta les toca, se convierten en piedra.

Alvis, enamorado, y tan centrado en superar todas y cada una de las pruebas, no tuvo en cuenta eso. Y así fue como amaneció y Alvis quedó petrificado. Thor se reía a carcajadas, sabedor de que había librado a su hija de casarse con un enano. Pero Thrud estaba desolada, a la vez que enrabietada, así que le dijo a su padre que no quería volver a verlo nunca. Le odiaba por lo que había hecho.

Con la espada que Alvis le había forjado, Thrud puso rumbo a Vingolf, el lugar donde entrenan las Valkirias.

Allí, le dijeron que debía preguntar por Gunnur, la más letal y cualificada de todas ellas.

Al poco rato de llegar, por fin se encontró con Gunnur, y le dijo que quería ser parte de la hermandad. Gunnur sonrió, con una media sonrisa que denotaba seguridad y respeto.

“Si quieres ser una valkiria, sólo tienes que hacer derramar una gota de mi sangre”.

La hija de Thor, orgullosa como la que más, no se lo pensó dos veces y atacó con todas sus fuerzas a Gunnur… pero Gunnur la esquivaba como si se tratase de un simple juego. Llegó un momento que dejó de esquivar, y con una espada de madera, las típicas que usan las valkirias para entrenar, le dio tal paliza a Thrud que al poco rato cayó desplomada al suelo.

Thrud, que no podía ni levantarse, y con el orgullo herido, todavía quería seguir luchando. Pero Gunnur sabía que la paliza ya había sido suficiente. Así que le dirigió las siguientes palabras:

“Ve a entrenarte, hija de Thor, y vuelve dentro de 2 estaciones. Si dentro de ese tiempo eres capaz de hacer derramar una gota de mi sangre, serás aceptada entre nosotras”.

Thrud abandonó Vingolf y marchó hacia Midgard, a buscar aventuras en las que poder entrenar sus dotes de combate.

Una vez instalada en el mundo de los humanos, Thrud fue testigo de la crueldad, maldad y violencia que aquí atesora.

Y así empezó a recorrer el mundo, por si alguien necesitaba su ayuda…

En su recorrido por los distintos pueblos y parajes de Midgard, Thrud fue encontrando diversas aldeas y pueblos que necesitaban su ayuda. Desde familias que se veían acosadas por pequeños grupos de bandidos, hasta jarls y señores que requerían de una espada más para su ejército.

Mientras Thrud ponía a prueba sus habilidades matando enemigos, su padre, Thor, la observaba muy de cerca, siempre escondido detrás de una roca o de un árbol, cuidando a su pequeña pasando inadvertido, y esperando el momento por si en alguna ocasión necesitara su ayuda. De hecho, en una ocasión, Thrud estaba durmiendo al calor del fuego, en el camino de un bosque, bajo la luz de las estrellas.

Mientras ella dormía, se le acercaron 5 bandidos, que al ver el cuerpo de esa preciosa mujer, quisieron satisfacer sus deseos más carnales. Thor agarró su martillo con tanta fuerza que empezaron a sonar truenos en el cielo despejado. Al más mínimo movimiento haría acto de presencia para reventar los cráneos de esos miserables. El ruido despertó a Thrud, que enseguida se dio cuenta de cuáles eran las intenciones de esos indeseables.

“Si queréis comida, tengo salmón y algo de carne. De lo contrario, marchaos”.

“Queremos carne mujer, pero la tuya”.

Thor estuvo a punto de salir del matorral en el que estaba escondido, pero no hizo falta: Thrud desenfundó la espada y como quien corta mantequilla, acabó con los 5, dejando un rastro de brazos, piernas y cabezas por el suelo. Thor sonrió, sentía orgullo de padre.

Pasadas las 2 estaciones, una valkiria descendió del cielo, dejando tras de si la Aurora boreal, y se presentó ante Thrud.

“Han pasado 2 estaciones, hija de Thor. Es momento de que te enfrentes de nuevo a Gunnur”. 

“Bien, lo estaba deseando”.

Juntas, montadas en un caballo alado, pusieron rumbo a Vingolf, para reencontrarse de nuevo con la mejor de las valkirias. Al llegar a Vingolf, Gunnur ya la estaba esperando. Es cierto que Thrud todavía no era una valkiria, pero era la hija de Thor, y tenía potencial como futura hermana de las valkirias. Al fin y al cabo, su padre era el guerrero más poderoso de los 9 mundos.

Thrud la hija de thor
Thrud, la aspirante a Valkiria

Allí estaban ambas, Gunnur y Thrud.

Gunnur tenía los ojos azules como el mar, y una melena rubia recogida en dos trenzas que dibujaban un rostro dulce y hermoso. Pero dejando la belleza a un lado, era la más letal de todas las valkirias. Y ahí estaban, un año después, frente a frente. Y esta vez, sin espadas de madera.

Thrud se sentía con confianza, había entrenado mucho en Midgard. Era una guerrera nata y creía en su victoria.

El combate empezó con Gunnur asestando golpes ligeros, fácilmente esquivados por Thrud, que además tenía tiempo para devolvérselos. Gunnur fue añadiendo fuerza y complejidad a sus golpes, que fueron esquivados y bloqueados por Thrud, aunque no con facilidad.

Finalmente, al ver que la hija de Thor había mejorado muchísimo en su habilidad y fuerza, Gunnur dio todo de sí misma. Thrud era toda una guerrera, pero no puedo aguantar el enviste de Gunnur, que destrozó a su rival en pocos movimientos.

Pero Thrud no estaba dispuesta a aceptar la derrota. Era la gloria o la muerte. Ser valkiria o morir con honor. Apoyándose en su espada, se levantó del suelo.

“Venga, Gunnur, todavía no has acabado conmigo”.

Gunnur la miró, y con una mirada que mostraba piedad y reconocimiento, ayudó a Thrud a levantarse:

“Puede que todavía no estés a mi altura, pero tienes el honor y la dignidad adecuada para ser una valkiria. Te entrenarás durante 7 años, con 7 de nosotras, una por año, y cada una te enseñará a manejar el arma de la que es maestra. Pasado ese tiempo, volverás a enfrentarte a mi y, si me vences, serás bienvenida entre nosotras”.

A Thrud se le dibujó una sonrisa en la cara, y puso camino a la residencia en la que viven las valkirias.

Mientras tanto, Thor, que había visto el combate escondido, habló con Gunnur:

“Cómo la ves? Crees que acabará siendo una valkiria?”

“Creo que llegará a ser una valkiria… y posiblemente, la mejor de todas nosotras”

Durante el primer año se entrenó con la lanza, el segundo con el hacha, el tercero con la espada y así sucesivamente hasta que igualaba o superaba a sus maestras de armas.

La última de sus maestras fue Brunilda, una respetada y conocida valkiria, con quien hizo de escudera durante un año, acompañándola a la batalla y aprendiendo de una de las mejores. Hicieron una bonita amistad, y Thrud sentía profunda admiración y respeto por ella. Brunilda le daba sabios consejos e hizo madurar mucho a Thrud.

También hizo buena amistad con Aungrey, la primera de sus maestras, con quien tenía más confianza que con ninguna. Era su mayor confidente.

Una noche, tras una larga jornada de entrenamiento, todas las valkirias acudieron al Valhalla para servir hidromiel a los einherjar, los héroes caídos. Pero Thrud se quedó un rato más entrenando. Siempre se quedaba un rato más, su objetivo era vencer a Gunnur y tenía que estar preparada. Y Gunnur siempre era la última en marcharse.

Cuando por fin decidió descansar y acudir al Valhalla con el resto de sus compañeras, excepto Gunnur que seguía entrenando, Thrud avistó una extraña niebla verde salir de las puertas del gran salón, y un holor nauseabundo se desprendía de él. Sabía que algo estaba ocurriendo. Al entrar, todos los presentes estaban inconscientes, medio muertos. Thrud desenfundó su espada, sentía que estaba en peligro.

Siguió el rastro del olor y le llevó hasta la cocina, donde se encontró a Aungrey, su amiga y compañera, que era en realidad una giganta que llevaba años infiltrada en la hermandad de las valkirias. Había envenenado el caldero de hidromiel con una pócima, para asegurar la victoria en el Ragnarök.

“Aungrey, qué has hecho?”

“Llevaba años planeando este momento, por fin acabaré con la dinastía de los Aesir y con su ejército de héroes”

“No te lo permitiré!”

“Solo existe una cura, y acabo de arrojarla al fuego”

Thrud se movió tan rápida como el viento, apuñaló a Aungrey en el corazón y metió su mano en las brasas al rojo vivo para recoger el frasco que contenía la cura. La carne se le desprendía de su cuerpo, dejando los huesos de la falange a la vista. Retiró el frasco del fuego y perdió el conocimiento.

Al despertar, estaba en una cama rodeada por todas las valkirias, que habían curado sus heridas…

Thrud estaba desubicada, no sabía si estaba muerta o en un profundo sueño.

“Dónde estoy? He muerto?”

“No, hija de Thor, hemos sanado tus heridas y llevas días durmiendo” respondió Brunilda.

“Pero os vi a todas inconscientes, Aungrey os había envenenado”

“Así es, pero Gunnur te encontró en la cocina, junto a un frasco que contenía el antídoto. Lo mezcló en un gran tanque de agua y nos lo dio a todos y todas. Nos salvaste la vida, Thrud, eres una heroína. Has salvado a Asgard de la destrucción”.

Thrud sonrió, sin apenas fuerzas para poder moverse, se sentía la persona más feliz de los 9 mundos.

Mientras hablaban, apareció Gunnur, con el ceño fruncido y la seriedad que le caracterizaba.

“Parece ser que nos has salvado a todos, Thrud Thorsdóttir, pero recuerda que tenemos un combate pendiente, y las reglas serán las mismas: derrama una gota de mi sangre, y serás aceptada entre las valkirias”

Gunnur puso un cuchillo en la mano de Thrud, lo acercó a su propia mano y se hizo un corte que pronto comenzó a gotear sangre.

“Enhorabuena Thrud, has derramado mi sangre, parece que te has ganado un lugar entre nosotras”.

Thrud no se lo podía creer. Aquel era el momento más feliz de su vida, por fin veía su sueño cumplido.

Para celebrarlo, las valkirias acudieron al salón de los héroes, donde había un sonido ensordecedor de Einherjar bebiendo y cantando, con Odín encabezando la mesa.

Al ver entrar a su nieta, alzó la mano y se hizo el silencio

“Alzad los cuernos, mis queridos héroes, por Thrud, hija de Thor, mi nieta. Por Thrud, la valkiria. Skål!”

La ovación a Thrud era tan atronadora que los muros del Valhalla se tambaleaban, el suelo vibraba a sus pies. Era el momento más glorioso de su vida.

Y entonces apareció Thor, que tomó las manos de su hija en las suyas:

“Lo siento mi niña, me equivoqué”

Thrud y su padre se fundieron en un abrazo, mientras todo el Valhalla gritaba: Thrud Thorsdóttir, Thrud Thorsdóttir!!!

Y desde ese momento, hace miles de años, Thrud es una valkiria, que recoge el alma de aquellos que mueren con honor en la batalla. Quizás, incluso sea ella quien os acompañe algún día al Valhalla, si morís con honor en el campo de batalla.

 

¡Viva Thrud, hija de Thor!

Bibliografía

Negrete, Javier (2019) ‘Mitos nórdicos’. RBA coleccionables, S.A.U.

Esta historia está inspirada en los libros ‘Thor: la hija de Thor’, de la saga de Thor VI y ‘Thor y las valkirias’, de la saga de Thor VII, de la editorial Gredos de RBA coleccionables. Al leerlos, quise contar la historia de Thrud a mi manera.
En ningún caso se ha utilizado el texto de forma literal ni parcial. Los hechos aquí narrados, así como los diálogos, son fruto de mi imaginación y los hechos y acontecimientos de los personajes varían mucho de la edición original de RBA.

 

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